Humilde pero amado por Dios

Salmo 138

Aunque el Señor es sublime, mira al humilde; pero al altivo lo reconoce de lejos (v. 6 rva-2015).

Un día, en la iglesia, saludé a una familia nueva. Me arrodillé junto a la silla de ruedas de su hijita, le presenté mi perra de servicio, Callie, y le elogié sus bonitas gafas rosa y sus botas. Aunque no podía hablar, su sonrisa me dijo que disfrutaba de nuestra conversación. Otra niña se acercó, evitando mirar a mi nueva amiga, y susurró: «Dile que me gusta su vestido»; a lo que respondí: «Díselo tú. Es amable, igual que tú». Le expliqué cuán fácil era hablar con nuestra nueva amiga aunque se comunicara de manera diferente, y cómo mirarla y sonreírle la haría sentir aceptada y amada.

En las Escrituras y en este mundo, las personas suelen ser excluidas por percibirlas diferentes. Pero nuestro gran Dios celebra nuestras diferencias y nos invita a relacionarnos con Él y su familia. En el Salmo 138, David dice al Señor: «Te alabaré con todo mi corazón; delante de los dioses te cantaré salmos» (v. 1). Y agrega: «Aunque el Señor es sublime, mira al humilde» (v. 6 RVA-2015).

Dios, exaltado y santo, nos mira con bondad a nosotros, a quienes creó; especialmente cuando nos humillamos. Cuando le pidamos que nos ayude a mirar con bondad a otros y ser amables con ellos, podemos darle gracias por asegurarnos que, en nuestra humildad, somos amados.

De:  Xochitl Dixon


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