Se estima que una persona promedio habla alrededor de nueve millones de palabras al año, y más de la mitad son "yo, mi, mío". Pero seguir a Cristo significa morir al yo, y el egocentrismo no se rinde sin luchar. Por eso Pablo escribe: "Todo lo que tiene que ver con salirse con la suya... muere para siempre".
El interés propio no se rinde y muere; hay que matarlo. Y es una batalla diaria, porque tenemos la tendencia a aferrarnos a nuestros propios intereses con un apretón de muerte. Jesús dijo a sus discípulos: "El que quiera ser el primero... que sea vuestro esclavo" Mateo 20:27.
En aquella época, un esclavo era considerado el empleado más bajo entre los sirvientes de la casa. Eso significa que ha sido llamado a sacrificar sus propios intereses para servir a los demás. Y si tiene que hacerlo, Dios le dejará "un recuerdo" de lo que le costó llegar a usted en sus áreas particulares de terquedad y egocentrismo. Por ejemplo, después de su encuentro con Dios, Jacob caminaba con una cojera, pero era un recordatorio constante de su total dependencia de Dios. Y el gran apóstol Pablo escribe: "Para que no se me subiera a la cabeza, se me concedió el don de una minusvalía que me mantuviera en constante contacto con mis limitaciones" 2 Corintios 12:7.
¿Cuál es tu desventaja? ¿Un hábito contra el que luchas? ¿Un miedo que te persigue? ¿Una relación difícil? ¿Una carencia económica? ¿Una dolencia física? ¿Por qué Dios no se lo quita? Porque Él considera que cualquier cosa que te haga más dependiente de Él y menos de ti mismo, es una ventaja, y no una desventaja.


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