Una
vez que hemos tomado la decisión de obedecer a Dios, nos vestimos de coraje y
seguimos adelante. Esto es, hasta que algo nos hace dudar y cuestionar la
sensatez de esta decisión. ¿Qué podemos hacer ahora?
1.
Hágase
algunas preguntas en cuanto a Dios: ¿Ha prometido Dios responder a todas
mis necesidades? ¿Ha enviado al Espíritu Santo para que habite en mí, me guíe y
me prepare para obedecerle? ¿Prometió Dios estar conmigo siempre? ¿Hay algo que
sea demasiado difícil para Él? Escudriñe
la Biblia en busca de respuestas a estas preguntas, y deje que la verdad de
Dios llene su mente.
2.
Medite
en la Palabra de Dios. Pídale
al Señor que le ayude a encontrar versículos que tengan que ver con lo que
usted está enfrentando. Después, examine el pasaje y aplique sus enseñanzas a
su situación personal.
3.
Recuerde
la fidelidad del Señor en el pasado. Dios
es fiel por naturaleza, y obra siempre de acuerdo con su carácter. El enemigo
quiere hacernos olvidar todo lo que Dios ha hecho por nosotros.
4.
Evalúe
la situación. Hágase
estas preguntas: ¿Qué
tan importante es esta decisión, y a quienes puede afectar? ¿Es una de esas
encrucijadas en el camino en las que mi incredulidad puede hacer que yo u otra
persona pase la vida llena de arrepentimiento?
5.
Elija
confiar en el Señor. Tome
la decisión de creerle a Dios y obedecerle, sin importar cómo se sienta.
Al dar usted un paso de fe, Dios le fortalecerá por medio de su Espíritu, y le dará el poder para seguir adelante. Antes de que usted se dé cuenta, su fe se volverá firme, sentirá gozo y comenzará a avanzar de nuevo.
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