Confiad en el Señor perpetuamente… (v. 4).
Una mañana, al abrir las persianas, me encontré con una vista sorprendente: una pared de niebla. El pronóstico decía: «niebla congelada». Raro para nuestra región, venía con una sorpresa aún mayor: habría cielo despejado y sol… una hora después. «Imposible —le dije a mi esposo—. Apenas vemos a 30 centímetros».
Pero, tal cual, poco después la niebla se había disipado y el cielo despejado daba paso a un sol radiante. Parada frente a la ventana, reflexioné sobre mi nivel de confianza cuando solo puedo ver niebla en la vida.
Cuando el rey Uzías murió y asumieron el poder en Judá algunos gobernantes corruptos, Isaías hizo una pregunta similar: ¿En quién podemos confiar? Dios le respondió con una visión tan extraordinaria que convenció al profeta de que podía confiar en Él en el presente para experimentar días mejores en el futuro. Isaías lo alabó, diciendo: «Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado» (Isaías 26:3). Y agregó: «Confiad en el Señor perpetuamente, porque en Dios el Señor está la fortaleza de los siglos» (v. 4).
Cuando fijamos nuestra mente en Dios, podemos confiar en Él aun en tiempos nublados y confusos. Tal vez no veamos claramente ahora, pero podemos estar seguros de que su ayuda está en camino.
De: Patricia Raybon

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