Muchos conocemos el himno “¡Oh, qué amigo nos es Cristo!”. Todos estamos de acuerdo en que el Salvador es un gran amigo, pero nuestra comprensión de esta relación es limitada. Nuestra amistad con Cristo supera con creces cualquier relación que experimentemos en la vida. Por tanto, consideremos algunos de los elementos de dicha relación:
EL SEÑOR JESÚS PUSO SU VIDA POR NOSOTROS. Nuestro Salvador hizo el sacrificio máximo por nosotros en la cruz, lo
que demuestra su fidelidad. Por consiguiente, Él es un amigo que se
ha comprometido con nosotros para siempre, y nos dará todo lo que ha prometido.
SOMOS SUS AMIGOS SI LO OBEDECEMOS. Quienes son salvos pueden ser sus amigos, porque son los
que lo obedecen con amor.
ÉL NOS REVELA LO QUE ESTÁ HACIENDO. Todo
lo que necesitamos saber sobre Cristo, sus obras y caminos está
escrito para nosotros en las Sagradas Escrituras.
ÉL NOS ELIGIÓ. No nos ganamos su amistad
y no podemos perderla, porque no depende de nosotros sino de su decisión
de amarnos.
Tener
al Señor Jesucristo como nuestro amigo significa que somos queridos, amados y
cuidados por Él para siempre.
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