… no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior […] se renueva de día en día (v. 16).
No recuerdo un tiempo en que mi mamá Dorothy tuviera buena salud. Diabética durante años, el azúcar en su sangre era descontroladamente errática.
Tuvo complicaciones y sus riñones afectados necesitaron diálisis permanente. Una neuropatía y huesos fracturados requirieron el uso de una silla de ruedas. Su vista comenzó a reducirse.
Tuvo complicaciones y sus riñones afectados necesitaron diálisis permanente. Una neuropatía y huesos fracturados requirieron el uso de una silla de ruedas. Su vista comenzó a reducirse.
Pero a medida que su cuerpo fallaba, su vida de oración se volvía más vigorosa. Pasaba horas orando por otros para que conocieran y experimentaran el amor de Dios. Preciosas palabras de las Escrituras se tornaban más dulces para ella. Antes de que perdiera la vista, le escribió una carta a su hermana Marjorie, donde incluyó las palabras de 2 Corintios 4: «no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior […] se renueva de día en día» (v. 16).
Pablo sabía lo fácil que es «desmayar». En 2 Corintios 11, describe su vida de peligros, dolor y privaciones (vv. 23-29). Pero consideraba que esas «tribulaciones» eran temporarias, y nos alentaba a concentrarnos en lo que no se ve: lo eterno (4:17-18).
A pesar de lo que nos suceda, nuestro Padre amoroso sigue renovándonos interiormente cada día. Su presencia es segura, al igual que sus promesas de fortalecernos y darnos esperanza y gozo.
De: Cindy Hess Kasper


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