Mas el Señor Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? (v. 9).
«¡Las crías volarán mañana!». Mi esposa Cari estaba entusiasmada con el progreso de una familia de chochines en una cesta en el porche de casa. Los había observado todos los días, tomando fotos cuando la madre llevaba comida al nido.
A la mañana siguiente fue a verlos. Movió unas ramas que cubrían el nido, pero en lugar de ver crías, se encontró con los ojos alargados de una serpiente. La víbora había trepado por la pared, se había deslizado dentro del nido y los había devorado.
Cari estaba desconsolada y enfadada. Como yo estaba de viaje, llamó a un amigo para que sacara la víbora. Pero el daño ya estaba hecho.
Las Escrituras hablan de otra serpiente que dejó destrucción a su paso. En el huerto de Edén, engañó a Eva con respecto al árbol del que Dios le había dicho que no comiera: «No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, […] seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal» (Génesis 3:4-5).
El pecado y la muerte entraron en el mundo por la desobediencia a Dios de Eva y Adán, y el engaño de «la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás» aún continúa (Apocalipsis 20:2). Pero Jesús vino para «deshacer las obras del diablo» (1 Juan 3:8) y restaurar nuestra relación con Dios. Un día, Él hará «nuevas todas las cosas» (Apocalipsis 21:5).
De: James Banks
No hay comentarios:
Publicar un comentario